TRIPULANTE Y CRUCERO

HUERTA DE SAN ANTONIO

Su último EP (‘Fuerteventura’), junto a los tres discos editados hasta ahora por Tripulante y Crucero (‘Meseta selva’,’El sonido de los mapas’ y ‘Los pueblos’) conforman la personalidad siempre inquieta y aventurera de este combo radicado en Madrid, liderado por Javier Peña y Ernesto Vena.

El Sonido de los mapas 2012 primer disco de Tripulante y Crucero, supuso un soplo de aire fresco en una escena musical a veces demasiado preocupada por etiquetas y modas El álbum presentaba una banda sin complejos a la hora de mezclar géneros, muestra del origen multinacional de la formación Poseedores de un elevadísimo acierto melódico, Tripulante y Crucero dieron un paso más en aquel Los pueblos 2015 que incorporaba texturas psicodélicas, todo tipo de percusiones e instrumentos de nylon a su sonido

Tras una intensa gira, el grupo lanzó en 2018 Meseta selva Afropop aires bossa nova, samba, sabor mediterráneo un tercer elepé que viaja alrededor del mundo atracando en mil puertos musicales con, quizá las piezas más profundas y emocionantes de su ya más que estimable trayectoria

A comienzos de 2020 y con la llegada de la pandemia (que les obligó a suspender varios conciertos), Tripulante y Crucero nos regalaba tres nuevas canciones en un EP que destila lo mejor de una personalidad musical llena de rincones evocadores De la bossa nova brasileña (‘ al Afro Pop (‘ pasando por un bolero de tintes fronterizos (‘Las Palabras’) En este este maravilloso y exótico EP, la banda nos entrega sus composiciones más redondas hasta la fecha, un arrebato que fusiona sonidos folclóricos y sus melodías cristalinas marca de la casa Grabado y mezclado en los Estudios Infinity de Madrid DePedro Zenet etc por los hermanos Baselga destacan los arreglos de metales realizados por Ismael López Klandestinos y José Pardal ONJazz

HUERTA DE

SAN ANTONIO

El emplazamiento elegido por los primeros pobladores de lo que hoy es la ciudad de Guadalajara fue una pequeña superficie de terreno acotada por dos profundos barrancos perpendiculares al cauce del río Henares. Aquel terreno germinal, luego llamado barrio de la Alcallería, pronto resultó ser insuficiente y el caserío se expandió hacia el sur dentro de los límites geográficos que imponían esas depresiones naturales.
El límite de aquel recinto hay que situarlo en el Alcázar Real, que se alzaba en la parte más alta de la población, aunque, una vez que las nuevas murallas fueron erigidas, quedaría en una posición central. Fue entonces cuando en el flanco occidental se abrió una puerta que permitía la salida y entrada de aquellas personas que mantenían sus cultivos en las tierras del poniente, y facilitaba el traslado de los cadáveres de musulmanes y judíos, comunidades que tenían sus necrópolis donde hoy se ubica el Cementerio Municipal. Esta puerta tomó el nombre de Alvar Fáñez, en memoria del capitán que recuperó la villa para la corona de Castilla allá por el año 1085; aunque la construcción que hoy permanece en pié data de 1300.

Siglos después, estos potentes muros de mampostería perdieron su utilidad, así como los barrancos naturales su condición de foso defensivo; fue entonces cuando el torreón se transmutó en ermita, bajo la advocación del Cristo de la Feria, y las torrenteras se acondicionaron para el cultivo de hortalizas. Mucho tiempo después, en 1589, se planteó en aquella zona la construcción de un convento extramuros bajo la advocación de San Antonio de Pádua.


Por ello, desde finales del siglo XVI el entorno del torreón de Alvar Fáñez se conoce como Huerta de San Antonio; aunque, ahora, su superficie esté urbanizada como si se tratara de un jardín andalusí.