EVA RYJLEN

TORREÓN DEL ALAMÍN

Solemos olvidar que lo salvaje no está reñido con lo elegante. Pero afortunadamente tenemos aEva Ryjlen para recordárnoslo. Ya lo hacía cuando era la mitad femenina de ese milagro patrioque fue la existencia de Idealipsticks. Y cuando pensábamos que con la disolución de losalcarreños aquella magia se quedaría en un recuerdo ceniciento, la Ryjlen, despojada ya de la responsabilidad de rockear y de la tiranía del inglés para el público nacional, resurge como un fénix dorado y vuela todo lo alto de lo que siempre ha sido capaz, con un pop en ocasiones oscuro y dulce, elaborado y luminoso en otras, pero siempre poderoso y sugerente.

No nos equivoquemos, no estamos hablando de una mera cantante de melodías bonitas. Eva Ryjlen es una artista integral que en esta nueva etapa explora los límites de su enorme talento con toda la profundidad que le permite la libertad de no responder más que a sí misma.

Sigue presente su olfato casi felino para combinar lo popular con lo elevado, el baile sensual con el escapismo psicodélico. Sus santos siguen ahí: Patti Smith, Lou Reed, The Doors… Y aunque el castellano puede acercarle ahora a una Rosenvinge. en Eva hay algo más. Un trasfondo personalmente rico y complejo, la voz propia de una compositora que trasciende sus influencias y alcanza con plenitud su madurez. Una autora de las que, en nuestro país, sólo hay una por generación. Demos gracias por tenerla entre nosotros.

TORREÓN

DEL ALAMÍN

El núcleo urbano de la Guadalajara medieval se extendió en su flanco oriental más allá de su muro protector a finales del siglo XIII, después que el convento de monjas bernardas que existía a orillas del Henares se trasladase a un otero, acotado por dos barrancos, de las tierras de labor del paraje conocido como Alamín, muy cerca del camino de Zaragoza. Entonces, junto a una de las potentes torres que se alzaban en la cortina que discurría desde los confines del Alcázar Real, se abrió un postigo y construyó un puente que permitiera salvar la torrentera y facilitar la entrada y salida de personas y enseres.

Por aquel entonces, Sancho IV de Castilla (fallecido en 1295), la reina María de Molina y su prole residían por temporadas en el Alcázar y en un palacio ubicado en medio de la judería, entre la Sinagoga Vieja y la de los Toledanos. Durante esas estancias, el monarca hizo Señora de la villa a la infanta Isabel, su primogénita y heredera del trono, ya prometida con Jaime II de Aragón. Doña Isabel contó con la ayuda de María Coronel para las distintas empresas que afrontó en Guadalajara antes de 1310, año en que casó Juan III de Bretaña. Sus habitantes quisieron mantener en la memoria aquellas felices jornadas y decidieron nombrar el viaducto que cruza el barranco del Alamín y del que partía el camino hacia el nuevo San Bernardo como puente de la Infantas.

En la actualidad el torreón del Alamín (que fuera también hospital de peregrinos y perrera municipal), alberga una exposición permanente sobre la Guadalajara medieval y sus murallas, en la que destaca una maqueta a escala que permite reconocer la trama urbana y el emplazamiento de los principales edificios de la villa en la que convivían cristianos, musulmanes y judíos.